Personajes de Nuestra Región | Alberto Quijano Guerrero

marzo 28, 2023 in Sin categoría

Alberto Quijano Guerrero (1919-1995) fue un escritor, poeta, historiador, ensayista y humanista de Colombia. Nació en San Juan de Pasto y recibió una educación sólida en el Instituto Champagnat de Pasto, donde comenzó a publicar trabajos en poesía y ensayo. A lo largo de su vida, trabajó como Secretario del Gobernador del Departamento de Nariño, miembro de la rama judicial y docente en la Universidad de Nariño. Además, fue un destacado miembro del Centro de Estudios Históricos de Pasto y de la Academia Nariñense de Historia. Publicó varias obras, como «La leyenda de los leones» y «Evolución histórica de los cabildos indígenas de Colombia».

Su obra literaria e histórica consta de 227 poemas, 22 traducciones poéticas, 12 apólogos, 15 cuentos, una novela, 6 obras dramáticas, 171 ensayos literarios, 63 discursos académicos y 96 artículos históricos, entre las cuales se destacan las obras:

Alberto Quijano Guerrero – Pasto
Obra poética:

«Microvisiones»

«Alfabeto de Cánticos»

«La leyenda de los leones»

«Rutas de Imágenes»

«Desde el sendero de las luciérnagas».

Cuento:

«Las cuentas del amo»,

«El patrón»,

«Desde el sendero de las luciérnagas».

 Himnos:

De la ciudad de Pasto: Por petición de la Sociedad de Mejoras Públicas, regentada por Carlos César Puyana. Música de Lubín Mazuera. Estrenado el 24 de junio de 1968.

Del departamento de Nariño: ganador del concurso convocado por Sergio Antonio Ruano, gobernador del departamento, con ocasión de los 50 años de creación de la entidad territorial. música de Luis Martínez.

De la Universidad de Nariño: ganador del concurso convocado en 1951 por el rector de la Universidad de Nariño, José María Velazco, música de Gonzalo Rojas, estrenado en 1954.

Así mismo fue autor de los himnos del Colegio de Abogados de Nariño, del municipio de Chachagüí, del Grupo Cabal de Ipiales, de la Institución “Joaquín María Pérez”, Sociedad Antonio Ricaurte, Instituto de Orientación Femenina “Policarpa Salavarrieta” de Samaniego, Pre escolar “San Jorge”, Colegio Mixto “Diego Luis Córdoba” de Linares, Colegio Integrado de Genoy “Francisco de la Villota”, Colegio “Pedro León Torres” y Colegio Nocturno “Jorge Giraldo Restrepo”.

Recibió varios reconocimientos por su carrera en el campo de las humanidades, incluyendo la Medalla Cívica de la Asamblea Departamental de Nariño, la Medalla Leopoldo López Alvarez, la Medalla al Mérito de la Gobernación de Nariño en el grado de Comendador, y la Medalla de la Academia Nariñense de Historia, entre otros. Además, algunas instituciones educativas llevan su nombre y la Universidad de Nariño ha creado la Convocatoria de Investigación «Alberto Quijano Guerrero» y ha denominado a su biblioteca con su nombre. También se ha descubierto un busto en su honor en el edificio correspondiente a la Universidad de Nariño, y la Academia Nariñense de Historia ha creado la Cátedra «Alberto Quijano Guerrero» para difundir su pensamiento historiográfico. Finalmente, recibió un homenaje póstumo en forma de la «Orden al Mérito San Juan de Pasto, grado Gran Cruz» por la Alcaldía de Pasto en junio de 2004, durante el lanzamiento de una nueva edición de «Luz en la Arcilla».

La Religión en Nuestra Ciudad – 30 Cosas sobre la cultura Pastusa

marzo 13, 2023 in Iglesias

La ciudad de Pasto tiene una fuerte presencia católica y cuenta con numerosos templos y parroquias, incluyendo la Catedral de Pasto. Además, hay otras iglesias cristianas como la Iglesia Cristiana de los Hechos y la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, así como una minoría musulmana de inmigrantes.

La Diócesis de Pasto incluye otros municipios y tiene una población de 730.000 feligreses. En la ciudad hay templos que datan de la Colonia, con decoración religiosa de gran valor artístico, como las iglesias de San Juan Bautista, La Merced, Cristo Rey, San Agustín, San Felipe, Santiago y San Andrés, entre otras.

También hay cerca de 30 comunidades religiosas cristianas en el municipio, algunas desde la época colonial, como la Congregación de Hermanas Franciscanas de María Inmaculada, la comunidad de los Jesuitas y la comunidad de los Oratorianos.

Aunque la religión predominante en la región es la católica, también hay iglesias protestantes como la Iglesia Cristiana de los Hechos, Asambleas de Dios, la Iglesia de Dios Ministerial de Jesucristo Internacional, la Iglesia de los Santos de Últimos Días (mormones), los Testigos de Jehová, entre otras, que cuentan con sus propios lugares de culto.

Por otro lado, la minoría musulmana se compone principalmente de inmigrantes procedentes de Palestina, Líbano y Siria, que se han asentado en la región desde mediados del siglo XX.

La Leyenda de la Cocha – Mitos y Leyendas – 30 Cosas sobre nuestra cultura

febrero 15, 2023 in arte y turismo, Aventura, Education

Nuestro municipio esta lleno de mitos y leyendas que son parte de nuestra cultura y creencias ancestrales, todos los que vivimos en estas tierras las conocemos y hoy te invitamos a conocer la siguiente historia:

El cacique Pucara (Fortaleza) enamorado como estaba de la princesa Tamia (Lluvia de Estrellas), logró por fin conquistarla y formar con ella un lindo hogar donde nacieron tres preciosos párvulos: Chasca (Lucero), Coyllur (Estrella) y Waira (Viento). Los cinco vivían muy felices en ese valle de los Andes que albergaba a siete descollantes ciudades, según testimonio tradicional de los viejos pobladores del sector. El pintoresco lugar contaba con toda una infinidad de productos del agro y animales para la caza y la pesca; era un paraíso sin par, dotado de ríos y pequeños manantiales que irrigaban de manera placentera las parcelas. En él reinaba la armonía y convivencia entre sus pobladores.

El cacique Pucara, hombre de recia formación, corpulento, de facciones varoniles atractivas, trabajaba incesantemente para mantener con buenos propósitos el porvenir de los suyos y el bienestar en general de su comunidad. La princesa Tamia, joven mujer de cabello negro, liso, con cara de dulzura, de mirada arisca y picaresca, presentaba un lindo cuerpo que ni remotamente figuraba señal alguna de ser madre de tres preciosas criaturas; era la armonía sensitiva de la belleza y juventud de la región con cierta expresividad que a todos encantaba cuando de paso recorría el valle. El cacique Pucara y la princesa Tamia solían pasear por entre las siete florecientes ciudades de aquel valle y sin lugar a duda despertaban más de una envidia en medio de aquel mundo de convivencia y suprema abundancia. Él, dotado como era de poder y riqueza miraba con altivez y orgullo el despertar de los demás hombres ante su bella esposa, la sabía y la sentía hermosa. Ella, conociendo la debilidad que despertaba entre los hombres, segura de su esposo, coqueteaba con su pelo liso entre sus manos, jugando con la mirada cuando se sentía admirada con donaire.

No podía faltar en tanta singular armonía la presencia de maldad y envidia, y así fue que durante una de las fiestas del Inti Raymi (Baile del Sol), cuando ya los niños de Tamia podían desenvolverse por sí solos, Pucara invitó y llevó a su esposa a una de las siete ciudades donde celebraban las fastuosas fiestas en honor del dios Sol (Inti), allí se divirtieron con toda la pompa que deparaba la ocasión. Pucara conoció nuevos amigos al igual que lo hizo Tamia. Munani (el amante), bailarín, danzante principal de la comparsa del festejo popular, impresionó grandemente al público en general pero de manera particular dejó caer su gracia y su encanto en la princesa Tamia. Pidió permiso el danzarín Munani, al gran Pucara, para bailar con la princesa Tamia y concedido éste no tuvo reparo alguno, se dio sus mañas y dio con el oído de Tamia para decirle cuanta impresión le había causado mirar sus ojos oscuros, su fino cabello lacio y el negro de sus pestañas. Tamia sonrió, agradeció el cumplido, miró buscando entre la gente a Pucara, al no encontrarlo, susurró algo al oído del danzante Munani. Este se alegró y agradeció a la vez a la princesa Tamia, sonriendo también de manera sutil, apretó con disimulo su mano y terminado el baile llegó hasta donde el gran Pucara, entregó en sus manos a Tamia, la miró sonriente y retirase agradecido.

Para la princesa Tamia los días a partir de aquella fiesta no fueron los mismos, pensaba en el danzante Munani, en sus palabras, en su baile, en su gracia, en todo él. Sintió que sin saber por qué su vida volvía a renacer, mirando a sus hijos los vio ya crecidos, autónomos, independientes, trabajaban por sí solos. Un día, cuando Pucara no se encontraba en casa, llegó Munani a buscar a Tamia, ésta salió y regocijada atendió al danzante, quien definitivamente había impactado en su corazón. No tuvo reparo en contar sus cuitas, siendo absolutamente correspondida por Munani, quien de igual manera se confesó ante Tamia. Besos y abrazos se dieron los nuevos amantes. Concertando citas a partir del momento, acordaron un día romper con su silencio y declararse públicamente ante el conglomerado. Conocido el suceso, Pucara se entristeció, acabó con su liderazgo y no queriendo estorbar en el camino de los nuevos amantes se fue a la montaña con sus tres hijos y comenzó a criar y cuidar tábanos.

Tamia y Munani comenzaron a deambular sin restricción alguna por entre las siete ciudades, se entregaron al amor y jolgorio sin ninguna reputación, situación que escandalizó a la comunidad entera, obligando a las gentes a prohibir expresamente prestar cualquier clase de servicio a los nuevos amantes. Un día, golpeando de puerta en puerta pedían se les regalase un pilche (totuma o mate) con agua, nadie respondía a su llamado hasta cuando se encontraron con un niño, a quien engañaron con la entrega de un pedazo de pan, logrando el pilche con agua. Los dos enamorados, amancebados según el decir de las gentes del sector, se acostaron para hacer el amor en un potrero cercano y dejando el pilche con agua a sus pies, en el clímax de su emoción, el hombre regó el agua.

Quedándose dormido boca arriba no se percató que el agua derramada del pilche comenzaba a crecer y crecer de manera exorbitante hasta que prácticamente lo estaba ahogando; en ese momento, llegó un tábano, de los que Pucara criaba y cuidaba con sus tres hijos, le picó en la nalga y lo hizo vomitar abundante agua por la boca y nariz. De tal magnitud fue su caudal que rápidamente inundó la totalidad del valle quedando bajo el agua las siete ciudades.

Un sonido de campana fue lo último que se escuchó sobre ese sector que hoy conocemos como el Lago Guamuez o Laguna de La Cocha. Pucara, que absorto y entristecido observaba desde la montaña con sus hijos el encantamiento del lugar, lloró tristemente su desgracia, se acogió cariñosamente a sus tres párvulos y se quedó petrificado para siempre en la montaña que lleva el nombre del insecto que pico la nalga de su rival, !El Tábano!

Pucara, sus tres hijos y la mascota se observan con claridad en la magnitud de la montaña del Tábano, y cuenta la tradición popular que cuando Pucara recuerda la traición de Tamia con Munami, llora tristemente en medio de rayos y centellas y sus lágrimas aumentan el caudal de la laguna, causando grandes estragos a los pobladores de las orillas de La Cocha. Dice también la tradición popular que en la tarde del viernes santo, luego de la muerte de Cristo, se escucha el dong, dong de una campana, y hay quienes han visto navegando alrededor de La Corota un bulto de totora a manera de balsa que lleva en su interior un mate o pilche, un peine y una gallina clueca con sus polluelos, los cuales de ser recogidos, desencantarían La Cocha y volverían a surgir las siete ciudades florecientes que se encuentran en el fondo de la laguna encantada en espera de su próximo salvador.

 

Fuente: https://pastotierracultural.jimdofree.com/el-municipio/cultura/

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